miércoles, 28 de octubre de 2009

0 Teatro hiperbreve 19. Todos somos

Bueno, ya he llegado a la obrita penúltima. En este caso es un poco, muy poco, más larga que el resto. También es la menos, en principio, difícil de todas, y entronca directamente con un teatro más tradicional, no exento de ternura, lirismo, algo de ñoñez y su poco de mala leche. Todo a posta, of course.

19. Todos somos
Para Marisol Huerta y Julia García

La voz / Enrique Arribas / Lou de Brescia

La voz : Durante esta pequeña obra leeré las predisposiciones escénicas. La vida es bella, el globo funciona. El tren de Ampor reanuda su viaje tras la reparación de una pequeña avería. En un departamento duerme Enrique Arribas, que vuelve este verano a su pueblo, a sus gentes. El mecánico Lou de Brescia, agotado, con el mono sucio, entra con discreción en el departamento y sentado al lado de Enrique desenvuelve un bocadillo y descorcha una cerveza. Enrique se despierta y observa al mecánico que, con ambos pies apoyados en el asiento delantero, sólo está pendiente de su almuerzo.

Enrique Arribas: Disculpe... Yo a usted le conozco.
Lou de Brescia: Sorpréndame.

La voz : Oh, divino Enrique: ¿Qué te conmueve?¿Dónde su gracia?

Enrique Arribas: Usted es... Lou... ¡Lou de Brescia!
Lou de Brescia: No se lo voy a negar.

La voz : Sí, Enrique, no te engañas, es él. Que por fin sonríe, que parece renacer de las sombras, que en tus palabras va encontrando razones para seguir viviendo.

Enrique Arribas: ¡Lou de Brescia! Vaya casualidad. ¡Lou... ¡
Lou de Brescia: De Brescia, sí...

La voz : Ah, observa cómo respira, cómo en su pecho la sombra empequeñece, cómo rompe las ligaduras que han aturdido sus párpados, cómo alienta cuando te sonríe.

Enrique Arribas: ¡El poeta! No se lo van a creer. ¡El gran poeta! Dirán que miento.
Lou de Brescia: ¿Quiénes?
Enrique Arribas: Mis padres, mis hermanas, mi abuelo octogenario.
Lou de Brescia: Ya será menos.
Enrique Arribas: Mis amigos, los guardias, el cura, la alcaldesa, la Sociedad de Amigos del Deporte, las agricultoras, los ganaderos, el pueblo en suma.
Lou de Brescia: Me deja usted de una pieza. Me ha sorprendido de verdad...

La voz : Y Lou de Brescia, el gran Lou de Brescia detiene su comida, saca de su bolsa un libro y te pide el nombre y te dice mientras va escribiendo “Este libro, amigo Enrique, te lo dedico a ti, con tu voz, con tu gente. En el tren de Ampor, a tantos de tantos, del año...” Y firmará, y te lo hará entrega. La felicidad colma vuestros ojos, no sabéis qué decir, os miráis y sois uno. Y cerramos los ojos, apoyamos la cabeza en el asiento, el tren silba y no caen bombas. Lentamente, cae el telón, y mi voz, al fin, descansa.

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